lunes, 23 de junio de 2008

Una generación involucrada y decidida.

Los mismos problemas que se mencionan a nivel “de adultos” son los problemas que nos quitan el sueño a los jóvenes. Los mismos deseos para nuestro País los vemos desde otra perspectiva de mucho potencial y con la energía que caracteriza a la juventud salvadoreña. Desde cualquier ángulo que analicemos la situación, los dos grandes retos para el próximo presidente o presidenta serán sin lugar a duda la seguridad y la generación de más y mejores empleos. El problema de la inseguridad no es solamente una estadística y números que tergiversamos con fines políticos, es una amenaza directa al potencial del joven de desenvolverse libremente y aportar a la comunidad.

La generación de los Milenarios, aquellos adultos jóvenes nacidos entre 1977 y 1997, se ha caracterizado por ser más involucrada y voluntariosa que las generaciones previas. Este hecho es crítico al analizar los espacios de participación que están disponibles para los jóvenes. Las iglesias y los deportes han presentado una opción bastante atractiva para poner en marcha sus ideas y sus buenas intenciones. Las maras y pandillas por el otro lado han presentado, desgraciadamente, la misma oportunidad enfocada erradamente. El sentido de pertenencia y participación es un reto que podemos y debemos utilizarlos en ser buenos ciudadanos. Hemos sido testigos de importantes iniciativas de grupos de jóvenes deseosos de aportar su servicio en organizaciones como "Techo para mi País" y "Libras de Amor." Estos grupos merecen el reconocimiento de ser actores en la sociedad civil que con el liderazgo joven están cambiando la cara a las oportunidades que tenemos los jóvenes para involucrarnos.

Desgraciadamente también hemos sido testigo del extremo que han llegado algunos partidos o supuestos movimientos en utilizar a los jóvenes como grupos de choque, armados y dispuestos a sacrificar una vida humana por el capricho político de otros. Mi más fuerte deseo es que los dejen estudiar y no los llenen de odio y resentimiento. Pongamos todas esas energías en un buen uso.

Nuestra generación que se ha caracterizado por tener opiniones fuertes y definidas en un sin fin de temas de relevancia nacional, no se va a quedar de brazos cruzados esperando que le digan que hacer. Nosotros decidimos a quien aplaudirle en una campaña electoral, y de la misma forma decidiremos por quien votar. Si calculamos la cantidad de jóvenes que emitirán su voto por primera vez en las elecciones del 2009 podremos comenzar a imaginarnos el enorme potencial que esta población tiene para los partidos. Si nosotros como jóvenes no sabemos jugar nuestras cartas se van a aprovechar de ellas y en lugar de ser actores involucrados seremos simplemente banderas que utilicen en la campaña.

Si bien es cierto que los jóvenes por lo general no confían mucho en la clase política es, entre otras cosas, un producto de la desconexión entre la clase política y los jóvenes. Los jóvenes pueden ser un comodín político para aparentar apoyos pero no debe limitarse solamente a eso. La utilidad de los jóvenes debe ser más que aplaudir, inflar vejigas y poner sillas. Los jóvenes tenemos voz y voto y la clase política debe aprender el idioma de los jóvenes.

A los partidos les pido que no le teman al liderazgo joven, no lo vean como una amenaza a sus territorios políticos sino como un aliado importante con potencial inimaginable. Veamos cuantos partidos toman este reto de hoy hasta las elecciones. Incluyamos en las listas a diputados a jóvenes con ideas frescas, propongamos como alcaldes y concejales a líderes jóvenes y por favor, escojamos en los candidatos o candidatas a la presidencia a aquellos que hablen el idioma de los jóvenes. En las urnas o en las playas vamos a ver los resultados de este reto.
(nota: este artículo también fue publicado en http://www.centroamerica21.com/)

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