Pero a pesar de un muy buen discurso, tengo un par de críticas muy personales y por supuesto sujetas al debate:
1) Me gustaría que, así como llama el Sr. Presidente a la comunidad internacional a una amplia participación y un sentido de lo social, independientemente de las ideologías; tuviera esa misma actitud y ese acercamiento con todos nuestros partidos y líderes políticos.
2) ¿A qué horas nos preguntó si queríamos ir a meternos en operaciones de guerra (Costa de Marfil, Sahara Occidental, Liberia, Irak, Haití y Líbano)? Más allá de la intrépida adhesión, la pregunta fundamental es ¿Cuál es la estrategia racional para gastar dinero y arriesgar vidas salvadoreñas en guerras que no son nuestras, a la luz de la desesperada necesidad de asistencia social que el país requiere para salir de muchas crisis? Si la respuesta es por alianzas estratégicas, perfecto!, pero primero sáquenos de las crisis y después con gusto nos vamos a la guerra con ustedes! ... ¿O será que estamos tan endeudados que casi que le "tenemos que vender el alma al diablo"?
Ahora, considerando este país como de régimen presidencialista, El mandatario de la República tiene dos roles: jefe de estado y de gobierno. Entonces, considero que el discurso ante la comunidad internacional es un tanto más generalizado que el discurso nacional. Si bien es cierto que debemos estar conscientes de las crisis mundiales; no debemos olvidar, ni mucho menos ignorar, las crisis nacionales. Y así como la comunidad internacional exige acciones y resultados que le interesan, así la comunidad nacional debe exigir sobre lo que a ella le concierne.
Los aspectos preocupantes para nuestra Nación que NO vas a encontrar en el último discurso del Sr. Presidente, Elías Antonio Saca, a las Naciones Unidas, y que como CIUDADANO JOVEN debes de reflexionar y demandar su solución, se resumen en las siguientes crisis:
1) La social. Cierto, El Sr. Presidente mencionó a las maras y los derechos de los migrantes. Más allá de eso la discriminación a la mujer, la familia disfuncional, las altas tasas de repitencia y el trabajo infantil y la inseguridad ciudadana dan gran significado a la inestabilidad social.
2) La económica. Cierto, El Sr. Presidente insistió en medidas para aminorar la presión del petróleo y la crisis alimentaria. Pero no restemos valor a las altas tasas de inflación e impuestos, la amplia brecha en la distribución del ingreso, el alto costo de la canasta básica y las medicinas, el desempleo y el penoso salario mínimo. Esto afianza la inestabilidad económica.
3) La institucional. De esto no habló nada. En su opinión la máquina va a toda marcha! Pero todos podemos evidenciar la dudosa administración de los recursos públicos, el pobre sistema de pensiones, el deplorable estado de las instituciones educativas y de salud, la falta de regulaciones y la reciente calificación de 3.4 en el grado de corrupción percibida de Transparency International. En conclusión las grandes contradicciones administrativas dejan mucho que desear sobre la eficiencia de nuestras instituciones democráticas.
4) La política. Sabemos de la polarización en el comportamiento político y las decisiones, no solo de nuestros funcionarios públicos, sino también de nuestros partidos y medios de comunicación. Además la perenne campaña política y la partidización de resultados municipales y ejecutivos. Es claro que estas actitudes extremas conducen indiscutiblemente a una crisis política.
5) La cultural. Todo viene a repercutir en nuestra propia actitud hacia la política, y hacia la vida. La inseguridad social y insatisfacción vital, el desinterés y la desconfianza en las instituciones y sus líderes y la polarización e intolerancia en las opiniones (acompañadas de una cultura de autoritarismo, casi olvidada pero aun latente) viene a converger en dos actitudes en nuestra sociedad: un hobby de hacerle guacala! al Gobierno y en una necesidad de sudar la frente todos los días para sobrevivir.
Si bien los acuerdos de paz han significado un avance hacia un país más democrático es apenas el arranque; es la semillita, no la planta, ni mucho menos el fruto de lo que se espera de El Salvador. La democracia no es estática y siempre va requerir de reformas coherentes. Por lo tanto, el proceso democrático exige de nuestro esfuerzo constante.
Como JÓVENES, dueños del presente y el futuro de nuestro país, NO podemos ignorar los problemas de hoy y menos dejarlos para mañana o en manos de otro. NO podemos quedarnos sentados de brazos cruzados, esperando un milagro. Enfoquémonos cada uno en el problema que mas ruido nos haga y no descansemos hasta informarnos, participar, analizar y si es posible juntos PROPONER alternativas, divulgarlas y requerirlas. Entonces, mientras más conscientes y congruentes seamos con el grado de democracia que tenemos, más rápido podremos enfocarnos en el grado de democracia que queremos.




