En la edición de esta semana, el periódico digital El Faro publica un reportaje sobre el hallazgo en la finca El Espino de los restos de una civilización indígena que data aproximadamente del 420 d.C. En cualquier otra ocasión, esta noticia fuera motivo de regocijo para la sociedad salvadoreña, ya que estos hallazgos ayudan a que nuestra sociedad crezca y se enriquezca culturalmente. Desgraciadamente lo que se publica en esta nota provoca de todo menos alegría.
De acuerdo al reportaje los restos de esta civilización se encuentran debajo de donde esta siendo construida la carretera Diego de Holguín. Esta no es la parte preocupante, ya que no fuera la primera vez que restos históricos fueran encontrados bajo alguna construcción moderna. Lo triste del asunto es que los vestigios ahí encontrados están siendo destruidos por la construcción, tratados como si fuera cualquier tipo de chatarra, y no se les esta brindando la atención, ni la importancia que estos merecen. De acuerdo al reportaje, las autoridades de CONCULTURA fueron informadas sobre los hallazgos desde a mediados de 2007, pero estos le restan importancia. Personalmente, no soy arqueólogo, ni pretendo serlo, pero por lo que pude leer en el artículo y las declaraciones dadas por expertos en el tema, puedo deducir que el descubrimiento en la finca El Espino merece más atención de la que actualmente se le esta brindando. No estoy diciendo que hay parar la construcción de la carretera para preservar estos restos, porque hay que ser realistas y la construcción de la Diego de Holguín es más que necesaria, y además como el mismo reportaje lo dice solo se tratan de “sitios arqueológicos secundarios”. Más sin embargo, sí tenemos que aprender a apreciar estas cosas y sobretodo hay que empezar a preservarlas. Pregunto ¿qué costaría aplazar la construcción de la carretera unas semanas o un par de meses para que permitir que arqueólogos excaven un poco más y luego mandar esos hallazgos a ser exhibidos al museo David J. Guzmán? Sinceramente, no creo que cueste mucho, y al contrario, nuestro país se estaría beneficiando enormemente. Además, no fuera la primera vez que este proyecto se atrasara, y si se hace por una razón valedera como ésta, no creo que nadie objete la decisión.
Si no se quiere hacer por razones culturales, hagámoslo por las oportunidades de negocio entonces, que a veces pueden más que cualquier otra cosa… Pensemos en como al seguir preservando todos estos objetos históricos, nuestro país se convertirá cada vez más en un destino turístico más apetecible para el mundo entero. El gobierno esta haciendo una excelente labor promoviendo El Salvador como destino turístico, pero nuestro país necesita algo más que nuestras hermosas playas y lagos que ofrecerle a nuestros visitantes. Playas y lagos se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, pero restos históricos de civilizaciones que habitaron nuestro planeta hace más de mil años no todo destino turístico lo puede ofrecer. Solo es de ponerse a pensar en la cantidad de turistas de todas partes del mundo que reciben México, Guatemala y Perú por haber podido preservar su historia. O pensemos en los destinos turísticos que tanto nos gusta visitar a los salvadoreños en nuestras vacaciones, estoy seguro que la península de Yucatán, Tikal y las ruinas de Copán, se encuentran al tope de esa lista. Pero, ¿por qué tener ir a otros países a admirar la belleza de la historia precolombina si nosotros podríamos hacer lo mismo en nuestro país?
Definitivamente los vestigios encontrados en la fina El Espino no pueden ser tratados como basura y deben de ser aprovechados por nuestra sociedad. Sinceramente, no me importa si se hace por la responsabilidad moral con la humanidad de respetar y compartir con ella su historia; o si se quiere hacer por motivos económicos y explotar el potencial turístico que tiene nuestro país al poder ser vendido como un destino hermosas playas, lagos y montanas, y una rica historia cultural. El punto es que debemos aprender a apreciar y preservar nuestra historia.

